Ante la demanda de vivienda, cada año se establecen 90 mil hogares en zonas inapropiadas, donde llevar servicios resulta más caro. No obstante la necesidad, existen 5 millones de casas deshabitadas.
Cada año se establecen 90 mil hogares en zonas no aptas para la vivienda, donde cuesta dos o tres veces más caro introducir servicios, sumado a ello la paradoja de que existen 5 millones de viviendas deshabitadas en todo el país, debido la lejanía, falta de servicios, escuelas e inseguridad. Y 30 por ciento de las familias mexicanas enfrentan problemas para adquirir una casa en el mercado formal.
La subsecretaria de Desarrollo Urbano y Ordenación del Territorio de la Sedesol, Sara Topelson Fridman, consideró urgente contener el crecimiento poblacional y el desordenen que predomina en las ciudades, debido al México actual, en las dos últimas décadas, ha crecido en superficie de mancha urbana cuatro veces y con ella las disparidades regionales.
“Seis de cada diez mexicanos residen en una de las 56 zonas metropolitanas del país, por lo que se ha reducido la calidad de vida de los habitantes, se han incrementado los problemas urbanos, como congestión vial, contaminación, déficit y baja calidad de los servicios, falta de equipamiento e inseguridad, sobre todo, en el norte, donde las familias comienzan a desplazarse; no se construyen carreteras, las escuelas quedan lejos o en zonas de disputas entre bandas, y todo esto atenta al desarrollo económico”, señala.
Por lo mismo, dijo, “hay que acabar con las carencias y el deterioro de los centros de población, que tienen un alto costo social, ya que pasamos de 81 millones en 1990 a tener 112 millones en 2010. Se dio crecimiento de urbanización significativo de 38 por ciento.
En nuestro país vivimos grandes disparidades, como una concentración de 20 millones de habitantes en el Valle de México, así como contar con 190 mil localidades dispersas en el territorio con menos de 2 mil 500 habitantes”.
La funcionaria federal consideró que durante los últimos 30 años la expansión territorial de las ciudades dio lugar a un modelo de urbes discontinuo, disperso y de baja densidad, que ha potencializado los factores de riesgo para la población e incidido en la descomposición del tejido social.
“Las proyecciones indican que México puede llegar a 121 millones de habitantes en los próximos diez años, con un crecimiento principalmente en las ciudades intermedias, por lo que para 2030 habrá 20 urbes con más de un millón de habitantes, lo que implicará complejos retos para las políticas de planeación urbana, económica y social”, indicó.
Toluca es un ejemplo de crecimiento desorganizado. Su población aumentó tres veces, “pasó de 534 mil habitantes a 1 millón 471 mil”, pero su mancha urbana aumentó 25.6 veces, es decir, mil 295 a 32 mil 755 hectáreas, con costos significativos para el usuario porque gasta 50% de su salario en transporte, en desplazarse a su trabajo, escuela, de un lugar a otro. Abundó que en México se encuentran 5 millones de vivienda desocupadas.
“El último censo muestra que el número total de casas desocupadas en el país pasó de 4.3 millones en 2005 a 5 millones en 2010, derivado de la crisis económica y factores como la ubicación de los desarrollos de vivienda que trajo como consecuencia, la lejanía a las fuentes de trabajo y estudio, así como a la falta de servicios”, comentó.
A su vez, el coordinador residente del Sistema de la Organización de las Naciones Unidas en México, Magdy Martínez-Solimán, comentó que el crecimiento poblacional se ha convertido “en la pesadilla del sueño norteamericano en México” debido a que 72% de sus habitantes radican en zonas urbanas y el 45% se encuentra en situación de pobreza.
En la presentación del estudio Estado de las ciudades de México 2011, Martínez dijo que en nuestro país el fenómeno de pobreza y la violencia se debe ver como “crecientemente urbano”, donde la precariedad de la vivienda resume muchos de los problemas que se deben corregir.
“La vivienda que no tiene agua limpia, no tiene drenaje ni saneamiento adecuado, que padece de deficiencias en los materiales de construcción, con piso tierra, no firmes y con techos calurosos o fríos, dependiendo de la temperatura del lugar, las construcciones frágiles y la carencia de espacio suficiente para el desarrollo de las familias, más allá de los 32 metros cuadrados, una situación de hacinamiento y falta de privacidad”, agregó.
Para Martínez-Solimán la situación se puede revertir si se mejoran sustancialmente las condiciones de vida antes de 2015 y 2020 en al menos 10 millones de personas que habitan en asentamientos precarios, con lo cual se podría evitar que pasen a un grado de pobreza extrema y de rompimiento del tejido social.“La gente no se siente empoderada, no sólo es que no tenga recursos, sino tampoco respeto, dignidad ni respeto social”.
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