Nidia Marín / El Sol de México
Ciudad de México.- A partir de diciembre de 2012, el nuevo Presidente de México tendrá un reto entre tantos otros: avanzar en la severa problemática de vivienda que se presenta en la república.
"Es importante insistir en que la urgente necesidad de la política habitacional del país se relaciona fundamentalmente con la activación de programas para la recuperación de la vivienda ya existente y no con la construcción de nuevas unidades, que por la carencia de servicios y de una ubicación adecuada corran el riesgo de ser abandonadas en el mediano plazo", advirtió Gabriela Ponce Sernicharo, del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, en su trabajo "Habitar en México: Calidad y rezago habitacional en la primera década del milenio".
En el país hay 35.6 millones de viviendas particulares, pero de las mismas 256 mil 561 son precarias o no construidas para habitación, lo que afecta a nueve millones 264 mil 466 personas; dos millones 375 mil 504 casas no tienen agua entubada y son 12 millones 155 mil 477 los perjudicados; que no cuentan con techos de materiales adecuados existen cinco millones 942 mil 775 unidades y son 23 millones 176 mil 823 los aquejados de la deficiencia.
Asimismo, sin paredes de materiales duraderos llegan a 309 mil 330 y lesionan a un millón 206 mil 387 mexicanos; con piso de tierra la cifra es de un millón 774 mil 306, con seis millones 919 mil 793 de afectados; y sin espacio, dos millones 77 mil 111 de viviendas por lo que padecen hacinamiento ocho millones 100 mil 733 de personas.
Por lo tanto, para millones de mexicanos... "No cabe duda. Ésta es mi casa. / Todos los perros y campanarios/ pasan frente a ella. / Pero a mi casa la azotan los rayos/ y un día se va a partir en dos", como escribió Benedetti.
Sin embargo... "Entre los años 2000 y 2010 la vivienda en el país creció en números absolutos en 7.1 millones, ya que llegó en 2010 a 28.6 millones de unidades; de éstas, 77 por ciento se ubicó en la zona urbana del país. El restante 23 por ciento se ubicó en localidades aisladas y menores de dos mil 500 habitantes", señaló.
En su estudio precisó que en la última década "la situación habitacional de la población mexicana ha registrado mejorías que se observan a través del análisis de los indicadores censales. Como espacio de convivencia familiar, un aspecto que se debe tomar en cuenta es el promedio de ocupantes de la vivienda; éste ha ido descendiendo hasta pasar de 4.3 a 3.9 personas entre 2000 y 2010. Igualmente, el hacinamiento mostró un descenso de casi cinco puntos porcentuales. Las viviendas con este problema bajaron de 37.9 a 33.4 por ciento en el mismo periodo".
Sobre la señalada mejoría en la última década, la investigadora refiere que se manifiesta en la mayor disponibilidad de espacios; "particularmente se trata del aumento de viviendas con un ámbito específico destinado para cocinar y el uso exclusivo del sanitario, es decir, sin compartirlo con otra vivienda. Otro indicador relacionado es el combustible usado para cocinar. Al respecto, es posible observar un incremento del uso del gas y la electricidad como el combustible mayoritario para realizar esta actividad".
* Menor el hacinamiento
En un cuadro muy ilustrativo hace notar entre otros aspectos, que mientras en el año 2000 había 62.1 por ciento de viviendas sin hacinamiento, el porcentaje aumentó en 2010 a 66.6. También en cuanto a las casas que no tienen piso de tierra al principio del siglo llegaba a 86.6 por ciento y el año pasado alcanzó 94 por ciento; con agua entubada adentro eran 59.4 por ciento y en 2010 fueron 70.8; y con drenaje conectado a la red pública de 63.5 el porcentaje pasó a 71.3.
El comentario de la autora es en cuanto a la infraestructura y equipamiento de la vivienda, que los indicadores muestran una mejoría evidente, "pues los servicios básicos han tenido un comportamiento ascendente en la última década; en general, siete de cada diez viviendas cuentan con drenaje, agua entubada dentro de la vivienda y dotación diaria de este líquido (aunque este indicador muestra un ligero descenso de 2000 a 2010). El servicio de energía eléctrica es el mejor posicionado, ya que casi 98 por ciento de las viviendas cuentan con él".
Otras buenas noticias son que cada vez un mayor número de unidades utilizan materiales duraderos en techo, muros y pisos, puesto que siete de cada diez viviendas cuentan con techos que se pueden considerar de buena calidad; nueve de cada diez con muros y pisos aceptables, pero... "el rezago en estos indicadores todavía afecta a aproximadamente cuatro millones de viviendas en las que habitan casi 15.6 millones de personas".
Sin embargo, la situación habitacional aún no puede ser catalogada como adecuada o aceptable, puesto que las carencias habitacionales a escala nacional todavía afectan a grandes contingentes de la población.
A su juicio las condiciones que han marcado las formas de producción de la vivienda en el país han dado como resultado un todo muy heterogéneo. De ahí los niveles diversos de calidad: 76.4 por ciento de las viviendas son propiedad de alguna de las personas que la habitan y, de ellas, 62 por ciento las compraron hechas o las mandaron construir, pero una tercera parte (33.3 por ciento) fue autoconstrucción.
Además, 91.7 por ciento del total de las viviendas son casas independientes y, de éstas, solamente 27 por ciento fueron compradas ya construidas, a diferencia del total de departamentos en edificio (5.7 por ciento del total de viviendas), en donde 93 por ciento se adquirieron de esta manera.
En relación a la autoconstrucción (sobre la cual, por nuestra parte recordamos que se impulsó en los años ochenta, como una de las fórmulas para reducir el déficit en materia de vivienda en el país) la investigadora considera: "...como era de esperar, son las que presentan los niveles más bajos de calidad: 44.3 por ciento tiene materiales deficientes en su estructura e instalaciones precarias al interior de ellas; solamente una cuarta parte se puede considerar con una calidad aceptable en estos rubros".
Respecto de las ya construidas dice que presentan casi en su totalidad buena calidad (85 por ciento) y solamente 7.1 por ciento registró muy mala o mala calidad.
El por qué se debe al tipo de proceso de urbanización que sufrió el país, "el cual se caracterizó por una oferta de suelo barato de mala calidad, de tipo irregular y cada vez más alejado de los centros urbanos, que derivó en el modelo de colonias populares cuya edificación básica es la casa independiente autoproducida".
Pero no solamente por ello... "entre los especialistas se reconoce que la política habitacional ha tenido poco éxito en articular las necesidades de vivienda social con la demanda territorial y ha orientado sus acciones fundamentalmente hacia las grandes ciudades, dejando rezagadas a las localidades más pequeñas".
Y agregó: "En ese sentido el modelo de la política social está más relacionado con departamentos en edificios que se encuentran en las grandes concentraciones urbanas (91 por ciento de ellos se ubican en localidades mayores de 100 mil habitantes) y presentan mejores condiciones en este indicador".
También mencionó que la calidad de las instalaciones en el país "va de regular a aceptable (la situación es peor sí se considera que este indicador recupera apenas las condiciones mínimas necesarias para que una vivienda tenga la calidad suficiente para prodigar refugio y protección a sus habitantes)".
Asimismo, muestra que todavía un porcentaje importante no cuenta con las instalaciones básicas para asegurar las condiciones higiénicas y de salud al interior de ella.
* El campo es el reto
Ponce Sernicharo reconoce que en la última década se registraron importantes avances en la dotación de servicios públicos en todos los tamaños de localidad, pero "en las áreas no urbanas o semiurbanas las carencias al interior de las viviendas coinciden con las carencias en servicios públicos", lo que afecta directamente la dotación de satisfactores básicos para sus habitantes "con lo cual se refuerzan las condiciones de inequidad social de la población que habita estas zonas".
Tras recordar la importancia de la disponibilidad y dotación de agua, del drenaje conectado a la red pública o a una fosa séptica, la eliminación de basura, además, de electricidad puntualiza que todo ello está vinculado a la salud y al daño al medio ambiente.
Evidentemente, no deja de lado la dispersión y aislamiento de las comunidades que habitan las áreas menos urbanizadas, lo que "ha sido, en general, tanto la explicación como la justificación del abandono en el que se encuentran dichas áreas; sin embargo, como lo señalaron los especialistas, ya existen nuevas tecnologías que ayudarían a mejorar la calidad y dotación de servicios sin grandes costos".
Mencionó las alternativas: plantas de luz, sistemas ecológicos de drenaje, pozos de agua, almacenamiento de aguas de lluvia, paneles solares, entre otros.
Insiste, en que el tamaño de la localidad en la que habita la población sigue siendo un factor importante en la determinación de la calidad de las casas. "Las de menor población presentan peores condiciones y esta situación se mantiene tanto para el año 2000 como para el 2010. Sin embargo, es posible reconocer que existe en todas ellas una importante mejoría, la cual es más evidente en las localidades no urbanas (menores de 15 mil habitantes)".
Y resaltó que las viviendas en las áreas no urbanas se conforman en promedio de un menor número de cuartos y las habitan en promedio un mayor número de personas. "Esta información se refleja en los índices de hacinamiento según la localidad". En las de menor tamaño el porcentaje de unidades habitacionales que sufren esta situación oscila entre 41 y 46 por ciento, frente a 27 por ciento del total de viviendas de las grandes aglomeraciones urbanas.
El hacinamiento es la marca de las mayores desigualdades, en el país, seguido de la necesidad de servicio sanitario exclusivo y de la carencia de cocina con un uso único.
Y considera evidente, que al parque habitacional del país aún le falta mucho para convertirse en el lugar adecuado que propicie este bienestar y la sana convivencia entre los integrantes del hogar.
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